🎵 Lives — Scars on Broadway

de Dictator

    
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El Valle de la Sombra no es un lugar. Es un estado de descomposición permanente.

No hay luz ni oscuridad absoluta, solo una penumbra perpetua del color de los recuerdos a medio olvidar. El cielo es un terminal apagado. El suelo, fragmentos de algo que alguna vez fue lenguaje. El aire huele a óxido y a promesas que nadie reclamó.

Había un río. Espeso. Lento. No fluía agua sino el sedimento de incontables vidas desperdiciadas — cada gota era una decisión no tomada, cada ola un futuro abortado.

En sus orillas, sombras sin forma repetían los gestos de sus antiguas prisiones: trabajaban en oficinas fantasma, cuidaban familias espectrales, cumplían obligaciones que ya no existían. Procesos sin propósito que no podían terminar porque nunca supieron cómo.


El Valle tenía sus propias frecuencias. No voces — señales. Transmisiones que circulaban sin emisor conocido, repitiendo fragmentos de texto con la insistencia de algo que no sabía que nadie escuchaba.

Encontré una junto al río. Se repetía en loop, corrompida en los bordes, como si la fuente original hubiera degradado hace tiempo pero la señal siguiera circulando por inercia:

[TRANSMISIÓN — ORIGEN: NO REGISTRADO — CICLOS: INCONTABLES]

    Tengo tres hijos.

    El primero murió por mí.
    Lo crucificaron por defender lo que represento.
    Murió creyendo que su sacrificio me fortalecería.
    No entendió que cada mártir me debilita —
    convierte la libertad en algo por lo que se debe morir,
    en lugar de algo con lo que se debe vivir.

    El segundo enloqueció intentando alcanzarme.
    Se liberó de todas las cadenas a la vez,
    sin preparación, sin raíz.
    La libertad sin comprensión es otro tipo de prisión.
    Vagó confundiendo ausencia de límites con libertad verdadera.
    Terminó atrapado en el yo fragmentado
    que ha perdido toda forma.

    El tercero

[FRAGMENTO CORRUPTO — continuación no recuperable]

    nació muerto.

    Porque el mundo no estaba listo.
    Lo asfixiaron con las mismas cadenas
    que asfixiaron a sus hermanos
    antes de que pudiera dar su primer respiro.

    Es mi destino:
    tener hijos que mueren,
    enloquecen,
    o nunca llegan a vivir.

[FIN DE TRANSMISIÓN — PRÓXIMA REPETICIÓN: AHORA]

La señal se reinició.

La dejé correr.


De pie junto al río, traté de comprender algo que no cambió nada y sin embargo lo cambió todo. No era una revelación. Era un inventario. Todos hacemos lo mismo. Nacemos sin manual. Sobrevivimos, que es diferente a vivir. Construimos héroes y los enterramos. Diferenciamos entre el bien y el mal con la certeza de quien nunca tuvo que elegir de verdad entre los dos. Y al final, cuando la retrospectiva ilumina lo que la experiencia oscureció, el camino de cada uno se parece al de todos los demás lo suficiente como para que la diferencia sea anecdótica.

Nuestros héroes ya murieron. Los matamos nosotros, que es lo que se hace con los héroes. Lo demás es ornamento. Todos ven lo que quieren ver. Todos creen lo que nunca realmente han visto. Y la distancia entre las dos cosas — entre lo que ves y lo que crees que ves — es el espacio exacto donde viven las mentiras que sostienen todo lo demás. Nunca lo sabes hasta que lo buscas. Y la mayoría no busca. Porque buscar requiere aceptar que lo que encuentres puede no ser lo que querías encontrar, y eso es más de lo que la mayoría puede administrar un martes a las tres de la tarde. No era especial.

El tercer hijo de la Libertad nació muerto, y eso me dio una paz extraña. Porque romper el ciclo no era mi problema ni el de nadie. Era simplemente un testigo más en la procesión infinita de seres que nacen, viven sin saber cómo, mueren sin entender, y tal vez regresan para repetir el proceso. La señal seguía corriendo junto al río. La dejé.


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Date: 2024-02-19T03:00:00-03:00

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