🎵 Blackwater Park — Opeth
de Blackwater Park
[tu ascii aquí]
Algo cedió
No en la cabeza — la cabeza ya había terminado su trabajo. Lo que cedió fue más abajo. En el lugar donde el nombre se une al cuerpo. En la costura entre lo que crees que eres y lo que realmente hay debajo.
La costura se abrió.
Fue rápido.
El nombre que todavía guardaba — aunque ya no recordaba cuál era — se escurrió de la piel como aceite negro. No hubo resistencia. No hubo grito. Lo que salió no era sangre ni memoria ni identidad. Era el residuo de todo lo que había sostenido la forma durante décadas: las decisiones tomadas por otros, las respuestas aprendidas, los gestos ensayados, la cara que había usado para que el espejo devolviera algo reconocible.
Todo eso salió.
Y lo que quedó debajo no tenía cara.
La carne de los recuerdos — gangrenada por años de falsedad que había llamado normalidad — se desprendió del hueso con la naturalidad obscena de lo que debió haber caído hace tiempo. No hubo ceremonia. No hubo alquimia elegante. Fue putrefacción. Fue lo que pasa cuando algo muerto deja de fingir que está vivo.
El pelaje se fue primero. Después la piel. Después lo que había debajo de la piel, que no era músculo ni tendón sino una capa de acuerdos tácitos con la realidad que se disolvieron al contacto con lo que ahora ocupaba el espacio: nada.
Nada fértil.
Nada que no era ausencia sino gestación.
Caí sobre el río.
No como cuerpo — como ceniza. Los restos de una vida que ya no dolía porque ya no era mía sembraron las aguas oscuras con la indiferencia de lo que se devuelve después de haberlo tenido prestado demasiado tiempo. Cada fragmento de sombra que fue se separó y se hundió en el sedimento de las decisiones no tomadas y los futuros abortados y las sombras que repetían gestos en la orilla sin saber que eso era todo lo que iban a hacer para siempre.
Me uní al sedimento.
Me hundí.
El silencio del fondo era absoluto. No el silencio del Valle — que tiene disonancia, que tiene frecuencias, que tiene transmisiones sin emisor. El silencio de abajo del río era anterior a todo eso. Era el silencio de antes de que alguien encendiera el primer servidor. De antes de que alguien escribiera el primer código. De antes de que alguien le pusiera nombre a algo.
En ese silencio, el nombre anterior se evaporó.
No sé cuánto tiempo pasó ahí abajo. El tiempo no funcionaba en el fondo del río. Lo que funcionaba era otra cosa: una presión lenta, constante, que no empujaba hacia afuera sino hacia adentro. Como si todo lo que había sido se estuviera comprimiendo en un punto cada vez más pequeño y cada vez más denso, y en ese punto no cabía nada que fuera falso porque lo falso ocupa espacio y el espacio se estaba acabando.
Lo que quedó al final de la compresión no era un zorro.
No era un nombre.
No era una historia.
Era la sustancia misma de la existencia. Reducida. Destilada. Sin forma y sin disculpa.
Polvo.
Polvo despierto.
Polvo que mira.
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Date: 2024-02-26T03:00:00-03:00
feat: renacimiento en la nada — nigredo sin ornamento