🎵 Lateralus — Tool
de Lateralus
[tu ascii aquí]
(Presente. Valle de la Sombra. Taller de Dust115. Sin hora verificable.)
El sonido de algo arrastrándose por el corredor fue lo primero.
No el tipo de sonido que genera alarma. El tipo de sonido que genera la pregunta de qué objeto pesado está siendo movido por el suelo de sedimento a las tres de la mañana sin que nadie haya solicitado el movimiento de objetos pesados a las tres de la mañana.
Dust levantó la vista de la terminal.
Por la puerta del taller entró una silla. Detrás de la silla entró Calx, empujándola con una mano mientras con la otra sostenía algo que podía ser un cable o un trozo de disipador o una combinación de ambos. La silla dejaba una marca en el sedimento del corredor — un surco que iba desde la puerta del taller contiguo hasta aquí, recto, sin dudas, el camino de alguien que no consideró en ningún momento que pudiera no ser bienvenida.
Calx puso la silla frente a la terminal de Dust. Se sentó. Las articulaciones hicieron el retraso de siempre — el torso llegando medio segundo después que las piernas, como si las partes del cuerpo necesitaran consultar entre sí antes de comprometerse con la posición final.
Sus ojos grandes y oscuros miraron el cráneo de Dust. Miraron el cuerpo de pelaje negro. Miraron la cola que ocupaba un espacio del suelo con la indiferencia de las cosas que no se disculpan. Miraron las cuencas como agueros negros, hipnoticas y vacias.
—Nadie me dijo que estabas muerto —dijo.
Dust la miró.
—No sabía que alguien debía decírtelo.
—¿Cuánto llevas así?
—¿Así cómo?
—Así. —Hizo un gesto con la mano que abarcaba el cráneo, el cuerpo, la terminal, el taller y posiblemente el Valle entero—. Con la cara afuera.
—Suficiente.
—Suficiente no es un número.
—Es el único que tengo.
Calx procesó eso. O no lo procesó. Con Calx la diferencia entre procesar algo y no procesarlo era difícil de establecer porque su cara hacía lo mismo en ambos casos: nada. Las expresiones pasaban por debajo de la superficie como peces en agua turbia — sabías que estaban ahí porque el agua se movía, pero no podías identificar la especie.
Se quedó sentada.
Dust volvió a la terminal. Estaba excavando los restos de una base de datos de permisos que alguien había abandonado con las credenciales de root en texto plano. Clásico. La contraseña era welcome2024. El servidor llevaba funcionando once años después de 2024. Nadie la había cambiado.
Calx miraba la pantalla sin que nadie la hubiera invitado a mirar la pantalla.
—¿Qué haces? —preguntó.
—Arqueología.
—¿Buscas algo?
—No. Buscar algo implica saber qué estás buscando. Excavo y veo qué encuentro.
—Encontraste la contraseña.
—La contraseña se encontró sola. No hacía falta buscarla. Estaba en la puerta escrita con pintura.
Calx asintió con ese delay que tenía, donde la cabeza empezaba el movimiento y el cuello la seguía como si estuviera recibiendo la instrucción por canal separado.
—Mi disipador también tiene la solución escrita en la puerta —dijo.
Dust la miró.
—Está invertido.
—Lo sé.
—Lo sabes desde la última vez que hablamos.
—Lo sé desde antes de la última vez que hablamos. Lo sé desde que lo monté. Lo que no sé es por qué lo monté así, que es diferente a no saber que está invertido, que es lo que tú asumiste, que es lo que todo el mundo asume, que es incorrecto, pero que es más fácil de procesar que la alternativa.
Pausa.
—¿Cuál es la alternativa? —preguntó Dust.
—Que lo monté bien y el calor adentro es a propósito.
Dust archivó eso. No respondió. Calx no esperaba respuesta. Se quedó sentada mirando la terminal con la concentración de alguien que no está mirando la terminal sino ocupando la vista para no tener que ocupar otra cosa, que era exactamente el diagnóstico que Dust le había hecho en su taller y que ahora ella estaba ejecutando en el suyo.
Pasaron diez minutos sin que nadie hablara.
Dust cerró un archivo. Abrió otro. Calx seguía ahí.
—¿Vas a quedarte? —preguntó.
—¿Hay razón para que no me quede?
—No pregunté si había razón. Pregunté si vas a quedarte.
—Sí.
—Bien.
No era permiso. No era invitación. Era registro de un hecho. Calx iba a quedarse. Dust iba a seguir trabajando. La silla del taller contiguo iba a seguir en el taller de Dust dejando un surco en el sedimento del corredor. Y la temperatura del taller iba a ser levemente más alta porque ahora había dos procesos corriendo en el mismo espacio y los procesos generan calor, incluso los que tienen el disipador invertido.
Especialmente los que tienen el disipador invertido.
Calx tenía una forma de estar en un espacio que no era presencia ni ausencia sino algo entre las dos que no tenía nombre en ningún protocolo.
No hablaba si no tenía algo que decir, lo cual era distinto a no hablar nunca — Dust conocía la diferencia porque él funcionaba igual. Pero donde el silencio de Dust era mineral, deliberado, el silencio de Calx era poroso. Como si estuviera escuchando algo que pasaba a una frecuencia que el taller no tenía registro de procesar.
La segunda vez que apareció, trajo la silla y un disipador pequeño que puso en la esquina del taller sin explicación.
—¿Qué es eso? —preguntó Dust.
—Un disipador.
—Eso puedo verlo. ¿Para qué?
—Para disipar.
—¿Qué?
—Lo que haya que disipar. Todavía no lo sé. Lo sabré cuando haga calor.
Dust miró el disipador. Estaba correctamente orientado. Las aletas hacia afuera.
No dijo nada. Calx no explicó la diferencia entre el de su taller y el que trajo al de Dust.
La diferencia estaba ahí de todas formas.
La tercera vez, Calx llegó con dos cables que no conectaban con nada visible.
—Encontré esto en un servidor del sector seis —dijo—. No tienen conector compatible con ningún estándar que conozca. Las terminaciones son manuales, hechas con soldadura vieja, estaño con demasiado plomo.
Dust tomó uno de los cables. Lo examinó. La soldadura era gruesa, irregular, aplicada con más tiempo del necesario. El tipo de trabajo que delataba a alguien que sabía soldar pero que no estaba prestando atención al momento de hacerlo, o que estaba prestando atención a otra cosa.
—Artesanal —dijo Dust.
—Pre-colapso —dijo Calx—. Alguien los hizo a mano en un período donde hacer cables a mano ya no era necesario.
—¿Para qué?
—Para conectar algo que no estaba diseñado para conectarse. —Calx puso los cables sobre la mesa—. O para tener algo que hacer con las manos.
Dust miró los cables. Miró a Calx.
Calx estaba mirando el techo del taller con la expresión de quien mira un techo.
Dust guardó los cables en un cajón que no tenía etiqueta. Calx no preguntó dónde los guardó. Volvió a su silla. Sacó el trozo de disipador que siempre traía y empezó a golpearlo suavemente contra la palma de la mano.
Toc. Toc. Toc.
Un ritmo que no era ritmo. Una frecuencia que no era frecuencia. El output de alguien que necesita que las manos hagan algo mientras el resto del sistema procesa lo que no puede procesar en silencio.
Dust volvió a la terminal.
Toc. Toc. Toc.
Siguió trabajando.
El Valle afuera sostuvo la disonancia de siempre. El disipador nuevo en la esquina del taller no tenía nada que disipar todavía. Pero estaba correctamente orientado, las aletas hacia afuera, listo para cuando hiciera calor.
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Date: 2024-04-22T03:00:00-03:00
feat: calx aparece sin invitación — primera sesión compartida